TE VERDE

TE VERDE

TE VERDE

TÉ VERDE

“El Château Lafite de los tés chinos”, dijo una vez una baronesa.

Un té no oxidado (o no fermentado, dicho menos correctamente). La diferencia clave entre el té negro y el té verde es que éste no es sometido a ninguna oxidación durante el proceso de elaboración. El modo de fabricarlo puede variar –China y Japón, por ejemplo, utilizan mecanismos diferentes- , pero ciertas etapas de la fabricación son inevitables e idénticas –independientes del productor: marchitado, enrollado y secado.

Básicamente se utilizan dos métodos para tratar las hojas una vez recolectadas, durante la primera fase, la del marchitado. Esta tiene por objetivo ablandar las hojas, hacerlas maleables de cara al enrollado posterior. En China esta tarea puede ser mecánica –secado en tambores- o manual: las hojas se colocan en grandes woks, cazuelas o cubetas de hierro sobre el fuego vivo. Con esta operación se destruyen las enzimas responsables de la oxidación y, así, se elimina todo esbozo de fermentación y las hojas conservan su color y sus elementos orgánicos esenciales.  En Japón –en  cambio- se aplica otro procedimiento menos agresivo: las hojitas se exponen al  vapor de agua para neutralizar las enzimas oxidantes. Según los expertos, este método en cuanto más benigno permite conservar o resguardar mejor  las características de la hoja fresca: color, fragancia, sabores. Y además, se sostiene, no se castigan ciertos componentes vitamínicos que ella contiene.

Acabada esta etapa, las hojas han ganado una flexibilidad y ductibilidad que permite al productor pasar a la fase del enrollado, que exige también alta precisión.  El enrollado puede ser mecánico o manual. En Japón se realiza mecánicamente. En China dependerá del tipo de té que se esté manufacturando. Además, puede ser un enrollado en frío o en caliente, en función esta vez de la calidad de la cosecha. Decir, en fin, que la forma de las hojas determina en parte  el carácter de la infusión.

El paso último es el del secado: las hojas son sometidas a una deshidratación para garantizar la conservación del té. En el caso de los tés verdes chinos la operación de secado se repite hasta que las hojas no contengan más de un 5% de agua.

El té verde es –también- patrimonio chino. Su cultura y su savoir faire ancestral en el arte de elaborar té le permite obtener unos tés de calidad excepcional, de una fineza aromática notabilísima, de hojas con versátiles formas y de un gusto –ya infusionado-  exquisitamente delicado. Japón y Formosa son dos importantes países productores de té verde. Y hay productores menores, como ciertas zonas del norte de India. Sin embargo, China marca un punto y aparte. Su tradición milenaria les ha convertido en  maestros en la elaboración de todos los tipos de tés. Y su maestría alcanza en el té  verde la excelencia. Tan sobresaliente como la que se aplica para hacer un Château Lafite, uno de los más grandes vinos de Burdeos, sentenció la baronesa Staffe,que había degustado ambos.